La investigación federal sobre el accidente ocurrido en el Aeropuerto LaGuardia de Nueva York avanza con hallazgos que delinean una sucesión de fallos. Según la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB), el choque entre un avión regional CRJ-900 de Air Canada y un vehículo de bomberos fue el resultado de múltiples factores que se alinearon en cuestión de segundos.
La cronología de un desastre evitable
La reconstrucción de la NTSB detalla una ventana de tiempo extremadamente ajustada. Apenas 25 segundos antes del impacto, el camión de bomberos solicitó cruzar la pista activa. La autorización llegó cinco segundos después, cuando la aeronave, con 76 personas a bordo, ya se encontraba en su fase final de aterrizaje. Doce segundos antes de la colisión, un controlador autorizó el cruce, para intentar revocar la orden gritando «¡Alto, alto, alto!» solo nueve segundos después. El avión, que ya había tocado tierra, impactó contra el vehículo a más de 160 kilómetros por hora.
Fallos tecnológicos y visibilidad limitada
Uno de los aspectos que más preocupa a los investigadores es el silencio del sistema de alerta de incursión en pista (ASDE-X). Este sistema, clave para prevenir accidentes, no emitió ninguna advertencia. Jennifer Homendy, presidenta de la NTSB, explicó que el camión no portaba un transpondedor, lo que lo hacía casi invisible en el radar de los controladores. Además, la aglomeración de otros vehículos de emergencia en la zona generó una imagen confusa en las pantallas.
Luces que no se vieron
En paralelo, las luces de estado de pista, incrustadas en el asfalto y que se muestran en rojo cuando una pista está ocupada, estaban operativas. Este sistema independiente debería haber sido la última barrera para evitar que el vehículo ingresara, incluso con una autorización de la torre de control.
Presión operativa y una emergencia dentro de otra
El contexto de la noche del accidente agravó la situación. El turno nocturno contaba con solo dos controladores, una dotación habitual pero que debió manejar un tráfico superior al esperado debido a retrasos acumulados. En los 40 minutos previos al choque, aterrizaron una docena de aviones. Simultáneamente, los controladores gestionaban otra emergencia: un vuelo de United Airlines que reportaba un fuerte olor en cabina y requería asistencia inmediata. Fue esta situación la que motivó el desplazamiento del camión de bomberos involucrado en el accidente.
Comunicaciones críticas y un mea culpa
Las grabaciones de las comunicaciones son otro foco de análisis. La primera transmisión del camión de bomberos fue, aparentemente, interrumpida y no llegó completa a la torre. Los investigadores trabajan para determinar con exactitud qué mensajes se escucharon y cómo fueron interpretados en un entorno de alta presión. En las cintas también quedó registrado el estado de ánimo del personal: 18 minutos después del impacto, uno de los controladores, visiblemente afectado, se atribuyó la responsabilidad en una conversación con un piloto, diciendo «Me equivoqué».
La evacuación y el saldo trágico
Los testimonios de los sobrevivientes describen momentos de terror y caos durante la evacuación. Sin instrucciones claras de la tripulación —una azafata fue expulsada de la cabina durante el impacto—, los pasajeros actuaron por instinto, abriendo salidas de emergencia y escapando por las alas. El modelo de avión CRJ-900 no cuenta con toboganes inflables, lo que obligó a los evacuados a saltar directamente a la pista desde las puertas.
El accidente se cobró la vida de los dos pilotos, Antoine Forest y Mackenzie Gunther, quienes, según la Administración Federal de Aviación (FAA), hicieron todo lo posible por salvar a los pasajeros. Del total de 41 personas hospitalizadas, 32 ya recibieron el alta, mientras que nueve permanecen internadas con heridas graves. Los ocupantes del camión de bomberos sobrevivieron con lesiones no mortales.
