WASHINHTON.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se jactó durante su discurso del Estado de la Unión del martes de que había generado un auge del empleo y de la fabricación nacional a la vez que imponía un nuevo orden mundial en el extranjero, con la esperanza de que ofrecer una larga lista de logros pueda contrarrestar unos índices de aprobación en caída.
El discurso, que concentra todas las miradas en Washington y superó en extensión su propio récord (el año pasado habló 1 hora y 39 minutos), dejó hasta ahora varias perlitas.
El representante Al Green (demócrata de Texas) fue escoltado fuera de la cámara de la Cámara el martes poco después de que el presidente Trump comenzara a pronunciar su discurso sobre el Estado de la Unión.
Green levantó un cartel que decía: “LOS NEGROS NO SON SIMIOS” cuando Trump entró.
El senador Markwayne Mullin (republicano por Oklahoma) intentó quitárselo, pero Green lo retiró. El demócrata texano finalmente fue escoltado fuera de la cámara por personal de seguridad, mientras los republicanos lo abucheaban.
Green después de salir de la cámara que el cartel hacía referencia a un clip, posteriormente eliminado, que Trump había publicado y que mostraba al expresidente Obama y a la ex primera dama Michelle Obama como simios.
Green ya había sido expulsado el año pasado durante el mismo evento.
Durante el intercambio más acalorado de la noche, la representante demócrata Ilhan Omar le gritó a Trump: “¡Has matado a estadounidenses!”. Él replicó: “Deberías avergonzarte”.
El cruce ocurrió después de que Trump pidiera a los presentes que se pusieran de pie si creían que la misión primordial de Estados Unidos era proteger a los ciudadanos estadounidenses. Varios demócratas permanecieron sentados. El presidente dejó que la escena continuara, meneando la cabeza y frunciendo el ceño mientras los republicanos se ponían de pie y aplaudían. Entonces, los demócratas le gritaron.
“Esta gente está loca, se los aseguro. Está loca”, dijo el presidente.
Más tarde, Omar dejó la cámara, mientras el discurso continuaba.
Casi una década después de haberlo hecho por primera vez, varias congresistas demócratas volvieron a vestir de blanco en el discurso del Estado de la Unión de Donald Trump. Si en 2017 el color evocaba a las sufragistas y la defensa de los derechos de las mujeres, esta vez el gesto apuntó contra la SAVE America Act, un proyecto que exige prueba de ciudadanía para registrarse como votante.
La iniciativa, ya aprobada por la Cámara baja controlada por los republicanos, es cuestionada por demócratas que advierten que podría dejar sin votar a millones de personas, incluidas mujeres cuyos apellidos de casadas no coinciden con sus documentos. Trump pidió durante su discurso que el Congreso la apruebe cuanto antes.
El blanco fue una de varias formas de protesta: decenas de legisladores demócratas directamente boicotearon la sesión. “No voy a ir y fingir que todo es normal”, dijo el senador Chris Murphy, marcando el clima de fuerte polarización que rodeó la ceremonia.
El presidente dijo que Estados Unidos ha recibido más de 80 millones de barriles de petróleo de su “nuevo amigo y socio, Venezuela”, el primer país que nombró en su discurso.
Eso supera lo que su administración había proyectado inicialmente en los días posteriores a que el ejército estadounidense llevó a cabo una sorprendente redada en la capital de Venezuela el mes pasado y capturó al entonces presidente Nicolás Maduro.
La industria petrolera venezolana produce aproximadamente un millón de barriles diarios. El país posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo.
Trump prometió transformar la paralizada industria petrolera de Venezuela después de que Maduro fuera capturado y llevado a Nueva York para enfrentar cargos de tráfico de drogas.
Más de una docena de sobrevivientes de los abusos de Jeffrey Epstein asistieron como invitados de legisladores demócratas, en un gesto político para exigir la publicación completa de los archivos vinculados al financista. Algunos demócratas incluso anticiparon que boicotearán la sesión y participarán en un acto paralelo.
El líder de la minoría en el Senado, Chuck Schumer, llevó como invitada a Dani Bensky, que conoció a Epstein cuando tenía 17 años. Otros referentes, como Hakeem Jeffries, también convocaron a víctimas para visibilizar el reclamo de mayor transparencia y rendición de cuentas.
La controversia se reavivó tras la reciente difusión de millones de páginas de documentos por parte del Departamento de Justicia, que fueron cuestionadas por contener tachaduras y omisiones. Las víctimas denuncian encubrimiento y sostienen que aún falta conocer la totalidad de la información sobre la red de vínculos y posibles responsabilidades.
En una rara ovación bipartidista, los miembros del equipo masculino de hockey sobre hielo olímpico recibieron una ovación de pie al ingresar a la sala de la Cámara de Representantes después de un saludo de Trump.
Los jugadores recibieron múltiples aplausos, cánticos de “USA” y puños alzados por parte de los legisladores. La representante Lisa McClain, presidenta de la Conferencia Republicana de la Cámara de Representantes, gritó “¡Los amo!”.
Los miembros del equipo ocuparon los asientos de la galería con vista al hemiciclo de la Cámara después de que Trump los elogiara. Varios sonrieron y saludaron a la multitud.
Trump luego elogió al equipo femenino, que también recibió una ovación de pie a pesar de no estar presente. Ambos equipos ganaron el oro en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán.
El “sobreviviente designado” del discurso del Estado de la Unión de este año fue, según trascendió en Washington, el secretario de Asuntos de Veteranos, Doug Collins, que no estuvo presente en el recinto mientras hablaba el presidente Donald Trump. La Casa Blanca no lo confirmó de inmediato, aunque Collins ya había asumido ese papel en una ocasión anterior.
La figura del sobreviviente designado implica que un miembro del gabinete, ubicado en la línea de sucesión presidencial, permanece en un lugar secreto y bajo fuerte custodia mientras el resto de las autoridades se reúne en el Capitolio. El objetivo es garantizar la continuidad institucional ante una eventual catástrofe que afecte simultáneamente al presidente, al vicepresidente y a los principales líderes del Congreso.
El mecanismo se formalizó durante la Guerra Fría, ante el temor de un ataque nuclear que pudiera descabezar al gobierno en cuestión de minutos. Con el paso del tiempo, el rol —poco visible pero clave— se convirtió en una pieza fija del protocolo de seguridad cada vez que todo el poder político estadounidense coincide en un mismo lugar.
Agencia AP y diarios The New York Times y The Washington Post
