viernes, 12 julio, 2024
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No cerremos el Conicet

Hace unos meses, en otras circunstancias, en otro país, escribí un artículo titulado «Cerremos el Conicet, Cerremos Argentina». El actual presidente había dicho que si era elegido, iba a cerrar el Conicet. Pero en ese momento, la persona que prometía esta acción era un panelista en programas de clase B, donde se dedicaba a vociferar en forma desquiciada su liberalismo, insultando, denigrando, agrediendo a todo aquél que se diferenciase de esta visión del mundo.

Hoy es presidente. Y efectivamente, está tomando medidas para cerrar el Conicet. ¿Qué es el Conicet? Es el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas que promueve, fiscaliza y controla buena parte de la investigación y desarrollo que realizan los institutos, universidades y científicos de nuestro país. Todos los países del mundo invierten en investigación. Cuanto más desarrollados, mayor porcentaje de su PBI invierten en esta área.

Una carta de preocupación y advertencia enviada por 68 científicos galardonados con el Premio Nobel fue desestimada por el vocero presidencial. El argumento es que se seguirá financiando la ciencia, pero la útil y no la que estudia el sexo de Batman. Este tipo de argumentos son ridículos: un científico que estudia a Batman, un jubilado que tiene una lancha o un «planero» que se fue a Bolivia, se usan para desfinanciar la ciencia, no entregar medicamentos a jubilados o enfermos de cáncer, no mandar los alimentos a comedores. Todo esto es falaz. No nos confundamos. Se puede seguir financiando la ciencia y, eventualmente dirigirla en la dirección que al gobierno le parece que beneficiaría al país. Se puede eliminar puntualmente subsidios a personas que no lo necesiten o entregar los medicamentos a aquellos que según el gobierno, lo requieren. Desfinanciar drásticamente la ciencia, hambrear a la población y acelerar la muerte de los jubilados ( total, «ya son viejos») es cruel, inhumano e injustificado económicamente.

¿Cuál es la razón por la que alguna parte de la población justifica y hasta haga suyas este tipo de medidas? : “La hacen con la nuestra”. Es decir, la ciencia, los jubilados, los carenciados reciben dinero de nuestros impuestos. Muy bien. Se está desfinanciando alevosamente la ciencia, se redujeron en forma casi criminal subsidios a comedores e indigentes, no se están entregando medicamentos. ¿Y lo estamos pasando mejor todos? ¿Aumentó nuestro nivel de vida? ¿Nos vamos de vacaciones y progresamos socialmente? No. La luz, el gas, los alquileres, los alimentos, los medicamentos, se han ido a valores casi inaccesibles. Ningún sueldo siguió estos aumentos. Ni hablar de las jubilaciones con las que se financia el gobierno. Es más, se está hablando de volver a poner el Impuesto a las Ganancias a sueldos por encima de un valor bastante bajo. ¿Y los comerciantes se están llenando de dinero? No. Venden menos y empiezan a cerrar, agobiados por los impuestos. ¿La pequeña y mediana industria? Tampoco. Entonces, ¿quién se beneficia? Este no pretende ser un artículo sobre política económica, pero cualquiera puede sacar conclusiones.

Soy egresado de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, donde hice mi licenciatura y luego el doctorado. Estudié en escuelas públicas en la primaria y la secundaria. Mis padres no hubieran podido pagarme un colegio privado, y mucho menos una universidad privada. Hice investigación. Mi sueldo lo pagaba la universidad pero parte de los gastos eran costeados por el Conicet. Luego realicé un estudio post doctoral en EE.UU. y al decidir volver a Argentina, comencé a trabajar en la industria privada, hace más de 30 años. Luego, con otros socios, fundamos empresas de biotecnología en Argentina. Algunas de esas empresas siguen funcionando y son fuente de trabajo para biotecnólogos. Ninguna de estas empresas podría haber existido sin la experiencia en investigación que teníamos. Sin la universidad estatal y sin el Conicet no habría biotecnología en Argentina.

El Conicet recientemente fue reconocido como la institución número 1 de América Latina en investigación por el ranking Scimago (SIR). Bastante lejano a lo que dice el vocero presidencial, quien afirma que países como Chile, Colombia y Uruguay están por encima del nuestro en ciencia. Por lo tanto, ¿qué importa lo que opina el Ranking Scimago? Cabe decir que el mismo vocero opinó que no está demostrado que la vacuna contra el dengue sea segura y eficaz. Esta vacuna fue aprobada por Anmat, agencia estatal encargada de fiscalizar la calidad y eficacia de todos los medicamentos, luego de un exhaustivo análisis. Que no quieran financiar una campaña contra el dengue, es grave. Pero que fomenten que aquellas personas que económicamente estarían en condiciones de pagarse la vacuna no lo hagan, es criminal.

Echan personal de apoyo del Conicet, desfinancian, mantienen el presupuesto de 2023 y los sueldos. No lo van a cerrar de un día para el otro, lo van a dejar languidecer. Cabe señalar que, a pesar de lo que el vocero presidencial opina, la ciencia argentina y sus científicos son altamente valorizados y codiciados en países centrales (tres premios Nobel en el área biológica, cinco en total). Y para hacer ciencia no se requieren revalidaciones de título en otro país. Es decir, cualquier investigador puede aceptar una propuesta de países centrales, que gustosos los tomarían con salarios mucho más altos y mucho mejores recursos materiales, una forma que tienen los países centrales de «despilfarrar» su dinero. Y cuidado, porque desarmar una trama científica no tiene vuelta atrás. Se tarda años en construirla. Cuando empiezan a caerse algunas piezas, todo el entramado puede desmoronarse.

¿Quién se podría beneficiar de que Argentina no tuviera ciencia, o la tuviera extremadamente débil?. Tal vez Dinamarca, que nos puede vender aviones hechos en EEUU (para esto sí hay plata) con tecnología de hace 20 años. No nos olvidemos que hace una décadas Argentina tenía capacidad de construir aviones de guerra, estructura desmantelada por un gobierno de filosofía e intereses similares a los que tiene el actual. Tal vez se beneficiarían Chile –que le prestó bases y tecnología a Inglaterra en la guerra de Malvinas–, tal vez Brasil, que sin duda pasaría a ser la primera potencia en ciencia de la región, y de ningún modo los argentinos, que no veríamos mejorar nuestro nivel de vida y perderíamos la posibilidad de fabricar satélites, generar medicamentos o hacer teléfonos celulares.

No quiero dejar de mencionar el desfinanciamiento del Incaa y la posible venta del cine Gaumont, el despido de personal vital del Servicio Meteorológico, el cierre de Telam, la desaparición de la Televisión Pública incluida su señal, el desmantelamiento de la Biblioteca Nacional y el cierre del Inadi. Y el despido de miles de empleados públicos. Todas estas estructuras forman la esencia de un país autosuficiente. Su ciencia, su cultura, su tecnología, su idiosincrasia, su gente.

Entonces vamos hacia un país de donde sólo se extraerán insumos: petróleo, litio, agua, minerales, soja. Y que se procesen en otro lado. No se requerirá ciencia, ni tecnología, ni arte, ni alegría. Existen estos países, y a veces hasta se estabilizan económicamente con un 1% de su población extremadamente rica y el resto, sobreviviendo.

No vamos en dirección de ser Alemania, EEUU ni Irlanda: vamos camino a ser Haití, El Salvador, Ruanda. No dejemos que la tristeza se apodere de nosotros, de nuestras instituciones. No bajemos los brazos. No deseemos que nuestros científicos se vayan o manejen taxis.

A diferencia de como cerré el primer artículo, con cierto nivel de ironía, ahora, que todo está pasando, mi mensaje es: defendamos el Conicet, abracémoslo, protejámoslo. Defendamos, amemos, fortalezcamos, mejoremos Argentina. No permitamos que los cierren. 

Doctor en Ciencias Biológicas

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