domingo, 14 abril, 2024
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Una panadería, el nuevo tesoro enterrado de Pompeya

En las paredes se encontró un fresco muy parecido a nuestra pizza actual

El lugar, que también era una prisión, conserva un horno, un molino de piedra para cereales, habitaciones decoradas y hasta restos humanos.

Desde Italia

Después de 1.945 años desde que ocurrió en el 79 d.C. la terrible erupción del volcán Vesubio (cerca de Nápoles) que cubrió con unos seis metros de cenizas, gases venenosos y piedras volcánicas la entera ciudad de Pompeya, en 2023 se descubrieron nuevas partes de su historia contada por la “panadería -prisión” que conserva un horno y un molino de piedra para cereales, y junto a ella, habitaciones decoradas con frescos. También se encontraron restos humanos.

Pompeya es uno de los tantos tesoros que Italia heredó del imperio romano pero también de otras culturas como la del pueblo osca, la griega y la etrusca. Sus orígenes no se conocen con precisión. Pero al parecer fue fundada por el pueblo Osca que ocupó la región cercana a Nápoles luego de la colonización griega del sur de Italia en los siglos VIII y VII a.C. Pero también se piensa que después fueron los etruscos los que se apoderaron de la zona. Pompeya pasó a ser romana en el siglo III a.C.

Las nuevas excavaciones, llevadas a cabo por expertos y arqueólogos y controladas por el Director de las Excavaciones de Pompeya, el arqueólogo alemán-italiano Gabriel Johannes Zuchtriegel, ofrecen sorpresas cada día.

Las primeras excavaciones arqueológicas en Pompeya comenzaron en 1748 cuando los Borbones de España reinaban en Nápoles. Y se fueron repitiendo a los largo de los siglos. Pero eso no impidió que los llamados en italiano “tombaroli”, es decir ladrones de tumbas (sobre todo etruscas porque los muertos eran acompañados en sus tumbas de joyas y otras cosas de valor) pero también de zonas arqueológicas, escarbaran en Pompeya y se robaran muchas cosas valiosas.

Patrimonio Mundial de la Unesco (Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), Pompeya es uno de los lugares más frecuentado por turistas en Italia luego del Coliseo. Pero para visitarlo completamente (se trata de 66 hectáreas, poco más 40 de ellas visitables y el resto todavía bajo investigación) se necesita tiempo y muchas ganas de caminar, el único modo para ir accediendo a todos los rincones, calles estrechas y cubiertas con gigantescas piedras, casas de ricos con fuentes en el patio central y pisos de pequeños mosaicos con dibujos, paredes afrescadas, lugares de comida tipo “fast foods”, es decir de comida rápida y de pie sobre la calle principal de la ciudad, templos varios dedicados a dioses como Esculapio, Athena, Iside y también lavaderos, fuentes de agua potable, anfiteatros y termas.

A los ojos de cualquier común ser humano, resulta casi increíble que haya sobrevivido después de más de 19 siglos. Pero ahí está y cada día nos cuenta nuevas historias.

La panadería prisión

En la panadería-prisión esclavos y burros eran los encargados de moler el trigo moviendo juntos un molino de piedra cuyos restos han sido encontrados allí. Los esclavos estaban encerrados en un ambiente con pequeñas ventanas que daban al exterior y a turnos debían girar y girar el molino junto a un burro, para obtener la harina necesaria para el pan. “Se trata de un espacio en el cual tenemos que imaginar la presencia de personas de estado servil respecto a las cuales el propietario sentía la necesidad de limitar su libertad de movimiento. Es el lado más tremendo de la esclavitud antigua donde no había relaciones de confianza y se reducía a una brutal violencia, impresión que está confirmada por el cierre con rejas de hierro que tenían las pocas ventanas del lugar”, comentó el Director de las excavaciones de Pompeya, Gabriel Zuchtriegel, en el sito online de Pompeya.

Pero al parecer, según las investigaciones realizadas por los expertos, cuando ocurrió la erupción del Vesubio que pasó previamente por un fuerte terremoto, la panadería-prisión estaba ya deshabitada y en camino de ser reestructurada, según mostraron pilas de ladrillos y de placas acumuladas encontradas a un lado de la casa.

Eso no significa que gente que escapaba de la erupción volcánica no hubiera buscado refugio precisamente allí como parecen demostrar tres esqueletos encontrados en el horno, dos mujeres adultas y un niño de tres o cuatro años. En total se calcula que en Pompeya murieron en el 79 d.C. más de 1.100 personas, pero no se sabe la cifra precisa.

La erupción del 79 d.C. cubrió completamente la ciudad con seis metros de cenizas, pedazos de lava sólida que cayeron en el momento de la explosión del volcán, de piedra pómice (una piedra volcánica esponjosa y de color gris), y flujos piroclásticos, una mezcla de gases y material volcánico que corría por las laderas del volcán hacia la ciudad a gran velocidad con una temperatura que se calcula de unos 700 grados. Nadie podía sobrevivir en esas condiciones. La mayor parte de la gente fue asfixiada por los gases y carbonizada.

La “pizza” pompeyana

Los frescos recientemente descubiertos junto a la panadería-prisión, hablan no sólo de dioses y tradiciones de los pompeyanos, como el resto de los frescos encontrados en otras casas de esa ciudad, sino curiosamente uno de ellos muestra un plato de comida en la que muchos italianos han querido reconocer una pizza.

No se trata de una pizza, explicaron los arqueólogos del lugar, sino de un tipo de pan redondo al que se le solían agregar otros alimentos encima. Pero mirando el fresco detalladamente, el pan casi parece una pizza napolitana, tradicionalmente con los bordes más inflados, y encima parece que tuviera un huevo duro y alguna verdura. Aunque una de ellas parece tomate, no es posible que lo fuera porque el tomate es una verdura de origen latinoamericano y llegó a Europa después del descubrimiento de América en 1492.

En una muestra organizada en estos momentos dentro de la Palestra Grande de Pompeya y titulada “La otra Pompeya. Vidas comunes a la sombra del Vesubio” , se intenta mostrar cómo era la vida cotidiana de los esclavos, libertos, artesanos y otros trabajadores, que generalmente no aparecen en la historia contada por los antiguos ni en otras muestras, explicó a un grupo de periodistas el arqueólogo Zuchtriegel. Contó además que la mortalidad infantil era muy alta en esa época. “Sobre diez niños, cinco no llegaban a la edad adolescente y esto debido no sólo a la malnutrición sino a los lugares donde vivían, muy húmedos, sin baños, sin cocinas, con pisos de tierra. Todo esto ha influido”. El pan era a veces el único alimento.

La muestra presenta en efecto cómo estaban organizadas las habitaciones donde esclavos, libertos y otros trabajadores vivían, cómo eran las camas donde dormían, las vasijas que usaban para transportar alimentos, lo que comían, etc.

Están expuestas también algunas frutas como higos y dátiles, pero también aceitunas y pan encontrados después de la erupción del Vesubio. Todas carbonizadas, de color negro, pero que han mantenido bastante sus formas. Y allí se ve el pan tradicional de Pompeya que algunos han igualado a la base de la pizza.

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