A 17 años del debut de Lionel Messi en la Selección: una roja a los 47 segundos y una premonición cumplida

A Messi no le daba bola nadie. En la concentración argentina, Pablo Zabaleta, que había sido compañero en el Sub 20 campeón mundial en Holanda un mes antes, era el único que no se separaba de ese chico que si hoy habla poco, hace 17 años era casi mudo. La vieja guardia hacía rancho parte, tomaba…

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A Messi no le daba bola nadie. En la concentración argentina, Pablo Zabaleta, que había sido compañero en el Sub 20 campeón mundial en Holanda un mes antes, era el único que no se separaba de ese chico que si hoy habla poco, hace 17 años era casi mudo. La vieja guardia hacía rancho parte, tomaba café y hablaban de sus cosas. Messi casi no salía de su habitación pero, de tanto insistir y con la mediación de Cristina Cubero, una periodista española que en Barcelona lo seguía a sol y a sombra, Leo accedió a bajar un rato al lobby. En un pasillo, recostado contra una pared y jugando con el cordoncito del pantalón corto negro, respondía monosílabos sin despegar la mirada del piso. Al fin, me dio una frase que fue título de la cobertura de Clarín: “Ojalá pueda jugar aunque sea un minuto”.

Messi se va cabizbajo de su debut con la Selección argentina. Foto: afp – Attila kisbenedek

En la última práctica, Martín Demichelis se había lesionado el tobillo derecho y Pekerman no pudo probarlo, como quería, como volante central. Así que aquel 17 de agosto de 2005 Argentina salió con Franco; Scaloni, Ayala, Heinze, Sorín; Lucho González, Bernardi, Maxi Rodríguez, D’Alessadro;Lisandro López y Crespo. El pibe palabras mínimas, al banco. Zabaleta también.

Hungría era un equipo de baja intensidad, ideal para probar a la Selección que apuntaba al Mundial de Alemania. Algunos jugadores se jugaban la convocatoria.

A los 20 minutos, Maxi Rodríguez convirtió de cabeza, a los 25 empató el gigante Torghelle y en la segunda parte, a los 16, Heinze metió otro testazo a la red: 2-1 y momento ideal. Entonces, Pekerman le dio la alternativa a Leo, que entró con la camiseta 18, el mismo número del Mundial juvenil, por Lisandro.

Se paró sobre la derecha, casi como un 8, para recibir la pelota. Controló y encaró, como lo haría miles de veces en estos 17 años siguientes. El 3 de los húngaros, Vilmos Vanczak, quedó parado como un poste y lo camiseteó. Leo tiró el manotazo para sacárselo de encima. El árbitro alemán Markus Merk cobró falta. Y le sacó la roja a Leo. Habían pasado 47 segundos desde su ingreso.

Scaloni, Ayala y Sorín consuelan a Messi después de su expulsión. Foto: afp – Attila kisbenedek

Su frase de la nota en Clarín resultó premonitoria. Scaloni, Ayala y Sorin se le fueron encima a Merk. El público silbaba al alemán. Y Leo, llorando, se fue caminando al túnel, acompañado por Marcelo “Dady”D’Andrea. En el vestuario siguió llorando. Lloró después de la cena y apenas pudo dormir. Zabaleta lo habló toda la noche. Pekerman también. No tenía consuelo.

Al día siguiente aceptó otra charla con Cubero, que lo trataba como a un hijo, y los pocos periodistas argentinos que habíamos viajado a Budapest. Messi puchereó un par de veces, alcanzó a sonreír con algún chiste de alguno que quiso alejarlo de esa tristeza inversamente proporcional a todas las alegrías que vinieron después. Porque como dijo alguien, todo pasa.

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