Un Wimbledon anormal que parece sufrir el mal de la baja presión

Hablar de las presiones es uno de los temas más recurrentes en los últimos tiempos en el mundo del tenis profesional. Se teorizó largo y tendido acerca de los efectos nocivos que provoca esa presión cuando está fuera de control o cuando no está siendo administrada o puesta en cierto contexto. Los perjuicios que sufren…

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Hablar de las presiones es uno de los temas más recurrentes en los últimos tiempos en el mundo del tenis profesional. Se teorizó largo y tendido acerca de los efectos nocivos que provoca esa presión cuando está fuera de control o cuando no está siendo administrada o puesta en cierto contexto. Los perjuicios que sufren algunos deportistas son enormes.

Pero la presión no siempre es mala. Lo marca la naturaleza con su sabiduría. El carbón con presión se convierte en diamante. Por ese motivo, una presión bien administrada, bien concebida y bien contextualizada, en muchos casos, suele lograr que una persona, y en este caso puntual, un tenista, pueda encontrar sus mejores versiones. Insisto, cuando esa dosis tiene las proporciones justas y tolerables, la presión termina siendo un estímulo. Termina siendo una fuente de energía que ayuda a sortear ese desafío difícil o incluso es clave para salir de una situación apremiante.

¿A qué viene toda esta explicación? La edición 2022 de Wimbledon está viviendo una situación anormal que podría atribuirse también al efecto de la presión. Pero en este caso por la baja presión. Sabemos que Wimbledon no está distribuyendo puntos para los rankings ATP y WTA. Y creo que eso, en cierta manera, también les jugó en contra a algunos tenistas a quienes no les permitió encontrar esa presión para potenciar la energía, la concentración y el foco.

Novak Djokovic, más allá de la falta de puntos, juega en otra liga. La presión corre por otro lado. Foto: AFP

Así como cuando uno lleva un auto porque no está respondiendo porque no se lo siente con la misma potencia y el diagnóstico marca que tiene una baja compresión o una pérdida de presión, creo que algo similar está ocurriendo en este torneo. No es casualidad que, de los 32 jugadores en la tercera ronda de los dos cuadros principales, el femenino y el masculino, 15 fueran no preclasificados.

No es una marca histórica, pero es una señal que puede estar asociada a que a muchos jugadores les faltó ese nivel de presión que viene con los puntos y que se acrecienta a medida que pasan las rondas como para tratar de encontrar esa marcha adicional, ese cambio que les da la posibilidad de encontrar la velocidad que habitualmente suelen mostrar en los torneos de Grand Slam.

Curiosamente, la mayoría de los tenistas nacen con una presión inversa. Es la presión económica por tener el dinero necesario para poder viajar, competir y a su vez vivir sin problemas. Sin embargo, cuando pudieron pasar ese filtro, siempre complicado, y se pudieron insertar en el lote de los privilegiados, esa presión ya muta hacia el ranking. Porque lo económico, con un buen ranking, ya está resuelto.

Por eso entiendo que este torneo de Wimbledon podría estar padeciendo el mal de la baja presión. Es que cuando hay puntos en juego se generan presiones extra y eso hace que aquel que tiene cierto ranking y que tiene mayor probabilidad de ganar por su historia, por su recorrido y hasta un poquito por su jerarquía, saque una pequeña ventaja al enfrentar a otro que muchas veces tenísticamente está a la par, pero que sufre las dificultades a la hora de manejar, sobre todo, esos momentos clave. Usted seguramente recordará partidos en los que el pulso comienza a temblar y hace jugar malas pasadas cuando se está por producir una sorpresa o alguien está por lograr un enorme triunfo. El miedo te puede arruinar un sueño. Ese fenómeno, creo, ha ocurrido en mucho menor medida en este torneo porque esos jugadores que están por conseguir un gran triunfo se sienten un poco más liberados porque el costo es menor. Por dentro pueden pensar: “Si pierdo, pierdo y si gano me llevo unos pesos más a casa”.

Nick Kyrgios, un peligro cuando la presión no existe. Foto: AP

No todos los que están compitiendo en Wimbledon están convencidos de que pueden llegar a una final o ganar el torneo. Esos son unos pocos. Hablamos, claro, de Novak Djokovic, Rafael Nadal, Carlos Alcaraz y Stefanos Tsitsipas. Aunque el griego tendrá este sábado en Nick Kyrgios, un rival de cuidado por todo esto que estamos hablando. La falta de presión puede ayudar para que el excéntrico australiano encuentre el escenario ideal para mostrarle al mundo de lo que es capaz gracias su locura iluminada. Esa combinación hace que algunos tenistas jueguen con una cierta libertad porque encontraron en esta edición un escenario mucho más amistoso para administrar esas presiones. Y esto de enfrentar a jugadores que en el circuito tienen un nombre, una trayectoria y que vencerlos siempre es muy difícil, ahora se torna en algo mucho más fácil animarse porque hay menos en juego. Es por eso que este torneo tiene ese condimento especial.

Aunque, lógicamente, también están los tenistas top a quienes el dinero -ni la falta de puntos- no les va a mover en lo más mínimo el nivel de motivación. Son aquellos que están convencidos de que pueden ganar este título. Porque se sabe: Wimbledon, el título de Wimbledon, no tiene ni precio ni puntos.

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