Pelea por la carne: Cecilia Todesca cuida los dólares y Paula Español, los pesos

Las diferencias acerca de qué hacer para contener el precio de la carne en los mostradores se transformaron en una verdadera pelea estelar de fondo entre Cecilia Todesca y Paula Español, dos referentes clave en el área económica oficial. El núcleo de esa disputa saca a la luz un problema de la economía argentina de…

Pelea por la carne: Cecilia Todesca cuida los dólares y Paula Español, los pesos

Las diferencias acerca de qué hacer para contener el precio de la carne en los mostradores se transformaron en una verdadera pelea estelar de fondo entre Cecilia Todesca y Paula Español, dos referentes clave en el área económica oficial.

El núcleo de esa disputa saca a la luz un problema de la economía argentina de más de 70 años que no encuentra solución viable en el largo plazo y sobre el que cíclicamente los gobiernos –con intensidad los kirchneristas— recurren a la receta de prohibir la exportación para aumentar la oferta en el mercado local y, por tanto, tratar de evitar fuertes subas de precios.

En este caso las diferencias entre la vicejefa de Gabinete y la Secretaria de Comercio Interior giró en torno al precio de la carne que, como otras materias primas que la Argentina exporta, está ligado en el mercado doméstico a la evolución del precio internacional y al valor del dólar.

Como otros productos exportables (la soja subió US$160 desde fines del año pasado), la carne tiene buen precio internacional (US$4.500 la tonelada) y los envíos al exterior de la mano de la mayor demanda China. Así, productores y exportadores argentinos están en la carrera.

“La mesa de los argentinos”



El núcleo de la disputa está en que Español sostiene que los consumidores locales no tienen que pagar el precio que se le cobra al resto del mundo y para eso propuso las viejas recetas de subir las retenciones o prohibir las exportaciones con la vieja idea, también, de cuidar “la mesa de los argentinos”.

La amenaza de la secretaria de Comercio encendió el alerta en productores y frigoríficos que hoy exportan más de US$2.000 millones al año y tienen muy presente el daño que generó la prohibición de exportar carne en 2006 por parte del entonces secretario Guillermo Moreno.

En aquel momento Cristina Kirchner fijó un sistema de cupos y permisos de exportación para acceder al mercado internacional.

El experimentó determinó que el precio promedio de la carne se disparase de entorno de $10 a $32 entre 2007 y 2011 lo que provocó la caída del consumo local y del stock de ganado bovino en 10 millones de cabezas.

En aquellos años los exportadores perdieron mercados y, por tanto, entraron menos dólares al país.

La amenaza de Español sorprendió al sector privado pero también en el gobierno y de ahí la contrapropuesta de Todesca que presionó para que el sector de la carne abastezca con precios “razonables” al mercado doméstico,  pero descartó que vayan a prohibir las exportaciones.

La Argentina se debate nuevamente entre favorecer las exportaciones para fortalecer las reservas del Banco Central en un momento en que los precios internacionales de las materias primas son muy favorables y la necesidad política del gobierno de cuidar los precios de la canasta familiar y, más aún, en una situación de pandemia.

¿Qué posición prevalecerá?

La pregunta deja al descubierto uno de los problemas más sensibles que tiene el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner que es que no existe ni una posición ni una voz única que concentre los mensajes.

Nadie parece estar en condiciones de marcar un andarivel de cierta certeza sobre un rumbo para el sector privado.

De pronto,  lanzan un esquema de aliento a las exportaciones para las inversiones superiores a los US$100 millones dejando una parte de las divisas de libre disponibilidad (¿un traje a medida para la minería?) y, a la semana siguiente, la amenaza de cortar exportaciones para un sector importante del campo.

La idea de cortar la ligazón entre los precios de exportación y los domésticos de los granos y alimentos viene de larga data en la Argentina. Las retenciones a las exportaciones del campo arrancaron en la presidencia de Bartolomé Mitre (1862-1866) y todavía no se logró ningún esquema superador.

Pero entre las retenciones que tienen el obvio motivo fiscal y la prohibición de exportaciones se nota la ausencia de algún signo distintivo en materia de estabilidad para los exportadores. ¿No existen acaso alternativas?

El covid, las vacunas y la inflación



El gobierno está nervioso y tiene motivos: la exponencial suba de casos de coronavirus y la preocupante falta de vacunas mantienen en vilo a la población .

A eso se suma el impacto inflacionario del aumento del costo de vida en el arranque del año que la consultora EcoGo proyecta en 16% para el primer cuatrimestre, absorbiendo más de la mitad del 29% pronosticado por el ministro Martín Guzmán para todo 2021.

También frente a ese resultado la receta adoptada por el gobierno es conocida: atrasar el precio del dólar en el intento de moderar la suba de los alimentos y la caída en el poder de compra de la gente.

En el mismo sentido, la tarifa de gas -que está congelada desde abril de 2019- aumentará 6% desde mayo. El retraso de las tarifas de los servicios públicos es ya otro clásico kirchnerista de los años electorales.

Atrasar, gravar, prohibir exportar con la mirada puesta en el mercado interno y el consumo local suele dejar de lado la importancia de una variable clave para promover el crecimiento.

Un informe reciente de la consultora abeceb pone el foco en ese tema y argumenta: la Argentina necesita una tasa de inversión de 25% del PBI para crecer a un ritmo sostenido de 4% anual.

La tasa de inversión promedio 2004-2019 fue 16,3% con un pico de 19,5% en 2007. Hoy es de 13,4% del PBI. Muy lejos.

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