Hasta los de Estudiantes lo aplauden de pie: otras dos joyas de Pulga Rodríguez, para el triunfo del imparable Colón

Salió a los 41 minutos del segundo tiempo. Había unos 120 dirigentes, asistentes, empleados, curiosos. Lo aplaudieron todos. Incluidos los que representan a Estudiantes. Pulga Rodríguez es el mejor jugador del fútbol argentino. El único que nos despierta una sonrisa en tiempos oscuros. La figura de Colón, que marcó los goles –dos obras de arte–…

Hasta los de Estudiantes lo aplauden de pie: otras dos joyas de Pulga Rodríguez, para el triunfo del imparable Colón

Salió a los 41 minutos del segundo tiempo. Había unos 120 dirigentes, asistentes, empleados, curiosos. Lo aplaudieron todos. Incluidos los que representan a Estudiantes. Pulga Rodríguez es el mejor jugador del fútbol argentino. El único que nos despierta una sonrisa en tiempos oscuros. La figura de Colón, que marcó los goles –dos obras de arte– del líder de puntaje ideal, que superó al León en La Plata por 2 a 0.

No pasaba nada. Ni un suspiro. Un duelo táctico y estratégico descomunal, entre dos maestros –uno joven, otro añejo– del arte de la planificación. Ricardo Zielinski, el experimentado conductor de Estudiantes y Eduardo Domínguez, el de larga proyección en Colón, crearon un festín de piezas de ajedrez. Un peón, un alfil, un par de torres: lejos de los reyes del área. El encuentro se desarrollaba en las adyacencias del círculo central. Rodrigo Aliendro, de Colón, era uno de los pocos atrevidos. Pero los que se imponían eran los caballitos del quite y la recuperación: Federico Lértora, Jorge “Corcho” Rodríguez. No había espacio ni tiempo para la inspiración. Hasta que apareció él. Luis Miguel Rodríguez.

El Pulga, el único que despierta sonrisas a todos los hinchasFotobaires

Pulga Rodríguez es el jugador del pueblo. Es el único intérprete por el que un espectador imparcial podría pagar una entrada, para disfrutarlo en persona, aunque los embates de la pandemia no nos dejen ni eso. En general, se puede gozar de él por televisión. Si es en vivo, mucho mejor. Había un tiro libre en los minutos finales del primer capítulo, que se presentaba apasionado sólo para los amantes de la disciplina táctica. Acomodó el balón, apuntó, disparó. Mariano Andújar –es posible– podría haber efectuado un esfuerzo mayor. Pero no hubo caso: fue un golazo.

El primero, un tiro libre

Ese impulso, el del gol, abrió el juego. Atrás quedó la especulación, el desarrollo se convirtió en algo más atractivo para el paladar exigente. Estudiantes se corrió durante un rato largo del laboratorio, se animó a pisar con más confianza el área del rival. Un ejemplo: Ángel González dejó el callejón defensivo y se adelantó varios metros, pero ni Martín Cauteruccio ni Leandro Díaz hacían pie.

El segundo, una joya de zurda

El León rugía cada vez más fuerte, pero Colón se sentía en su zona de confort. Ordenado, estructurado, sin una línea de desconexión y con el fenómeno tucumano en su estado natural: desatado, hasta tiraba caños para hacer amonestar a los adversarios. Los minutos finales fueron de estudio, concentración y una tímida valentía: son dos buenos equipos, pero que no están acostumbrados a la furia del ataque. Son precavidos.

Con los ingresados Mauro Díaz y Pablo Sabbag, Estudiantes encontró una combinación audaz, pero le hizo apenas unas cosquillas a Colón, que está envuelto en un aura triunfal que excede a Pulga Rodríguez. Defiende –con tres, con cuatro– con dedicación, tiene a Lértora como un motor todoterreno en la zona media y el triángulo Aleix Castro-Nicolás Leguizamón-Aliendro representa todo un desafío para los rivales. Los tres corren, atacan, se asocian. Desgastan.

Hasta que “volvió” Pulga. Nunca se había ido, en realidad. Y fantaseó con un zurdazo de Premier League, de Hollywood, si se tratara de arte. De algún modo, lo fue. Colón lo disfruta, el fútbol argentino lo aplaude de pie.

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