Con botines, guantes y pantalón corto: los chicos que se entrenan por zoom en plena cuarentena

En la Ciudad de Buenos Aires hay padres que dicen que sus hijos esperan toda la semana para salir, sábado o domingo, una hora a caminar a la plaza del barrio. Otros cuentan que prefieren quedarse encerrados. Que tienen miedo, y que con la computadora, el celular y la playstation están bien. En el Conurbano…

Con botines, guantes y pantalón corto: los chicos que se entrenan por zoom en plena cuarentena

En la Ciudad de Buenos Aires hay padres que dicen que sus hijos esperan toda la semana para salir, sábado o domingo, una hora a caminar a la plaza del barrio. Otros cuentan que prefieren quedarse encerrados. Que tienen miedo, y que con la computadora, el celular y la playstation están bien. En el Conurbano ni siquiera tienen esa opción. Todos viven la cuarentena​ por el coronavirus

Pero los chicos no solo tuvieron que acostumbrarse a estudiar por zoom. Los profesores de los clubes de barrio que los recibían por las tardes, con todo tipo de opciones deportivas, ahora los esperan en la misma aplicación. Las reuniones vía zoom no se limitan a la práctica del deporte en sí, o a ejercicios físicos que antes se hacían en la cancha.

Muchas veces los profes organizan meriendas virtuales, festejos de cumpleaños del mes, juegos para competir junto a sus padres o “encuentros” con chicos y chicas de clubes de otros países, para compartir la práctica. Clarín presenció tres entrenamientos en épocas de pandemia: de boxeo, fútbol y básquet.

Permiso para picar la pelota de básquet

Antonella (11) es una de las pocas nenas del equipo de básquet de Institución Sarmiento que vive en un departamento. Como picar la pelota en horario de siesta podría generar quejas por ruidos molestos, bajó y le tocó la puerta a su vecina. La señora le dijo que no había problema, siempre y cuando solo sea durante las dos horas semanales de entrenamiento. Antes de ese permiso, Antonella entrenaba y hacía los ejercicios por zoom en el estacionamiento del edificio de Santos Lugares.

“Cada familia del club tiene su particularidad, y la situación de cada chica es especial”, dice Federico Galante (32), profe de Antonella y el resto de las nenas (de entre 5 y 12 años) de Institución Sarmiento. Y sigue, sobre los entrenamientos por zoom en el marco del COVID 19: “A las más chiquitas les cuesta un poco terminar de engancharse. Para las de 8 en adelante, que ya están enamoradas del deporte, es un compromiso. Quieren seguir aprendiendo; enciendo la cámara y ya están del otro lado, picando la pelota. Todas necesitan volver al club. Para ellas, los papás y nosotros, los profes, ir al club es un estilo de vida. Nuestra segunda casa”.

En cuarentena también se entrena, pero por zoom. Federico Galante es profesor de básquet.

Son las seis de la tarde de un miércoles y Federico está frente a su notebook. La apoya sobre el piso. Las chicas van apareciendo en pequeños cuadrados. La mayoría está picando la pelota, con las dos botellas de agua que funcionan como conos y una silla que hace de defensa. Son cerca de 20. “Buenas tardes, Ori; hola Ema, Victoria, Valentina. ¿Cómo estamos de iluminación? ¿Me ven completo?”, habla Galante de este lado de la pantalla. En la reunión virtual/entrenamiento hay nenas, y su respectivo profe, del club Yale, de Montevideo, Uruguay. Es un intercambio, una de las tantas opciones que buscan los profesores para entretener a sus jugadoras.

A fines de marzo, una semana después del decreto de la cuarentena obligatoria, los profes de toda la actividad comenzaron a enviarles videos a los chicos. Luego, llegaron los vivos de Instagram. Recién después fueron a las clases virtuales. “Cuando las chicas se vieron por zoom fue como sentir ‘ahí están mis amigas; a la distancia, pero están’”, recuerda Federico. “A veces solo hacemos una merienda, para charlar entre todos. Pero extrañan el espacio y estar en grupo. Es un deporte grupal, social. Necesitan correr, entrar a una cancha”.

Hacer guantes frente a la “compu”

En su departamento de La Paternal, Pablo Giménez (40) da las indicaciones frente al teléfono: “El codo derecho cubre el hígado; bajo el mentón, la mirada arriba y hacia delante. La otra mano arriba, a la altura de la ceja. Vamos con desplazamientos hacia delante…”.

Chicas y chicos de entre 7 y 17 años, la gran mayoría del barrio, hacen el ejercicio. El zoom es en el marco de las clases del gimnasio de boxeo “Semillero del mundo”, ubicado debajo de una de las tribunas del estadio de Argentinos Juniors, y que forma parte del Proyecto nacional “Escuelas deportivas argentinas”, que depende de la Secretaría de Deportes de la Nación y es dirigido por Marcelo Domínguez.

“Para los papás de los más chiquitos también es fundamental la clase; una especie de terapia”, reflexiona Giménez. “Es una hora menos de estarle encima a un nene que no sabe más que hacer durante el día. Porque los más grandes se encierran en la habitación y se entretienen solos. Pero en términos generales, para los chicos entrenar por zoom es volver un poco al mundo de siempre. Les viene bien cumplir horarios otra vez, ponerse objetivos, mentalizarse en algo. Y descargan energías, que es primordial. Hasta en el sueño debe influir no hacer deporte. Muchos de estos nenes, con suerte, pueden salir una hora el fin de semana”.

En cuarentena también se entrena, pero por zoom. Pablo Giménez da clases de boxeo desde su departamento de La Paternal.

A los ejercicios técnicos se le suman charlas sobre los fundamentos y videos sobre peleas que sirven para mejorar cuestionas muy puntuales. Aunque no es fácil mantener la atención de chicos y adolescentes durante semanas de cuarentena. “Tienen picos anímicos. La incertidumbre les juega en contra; más que nada a los competidores.

Algunos abandonan, pero retoman a las cuatro o cinco clases. Como entrenador, esto de dar clases por zoom, no es lo que más me gusta. Pero hay que buscarle la utilidad. El día de mañana pienso incrementarlo: a los entrenamientos en el gimnasio quiero sumarle el complemento virtual, para seguir corrigiendo pequeños detalles”, concluye Giménez.

Jueguitos en el living

Muchos de los 27 chicos que participan del zoom se pusieron botines y la camiseta del club, como si fuese un partido de los sábados. Varios están con los papás.

Y hay alguna que otra nena. De los menores, ninguno supera los 13 años.

Fabián Kornoski (29) es uno de los profes que coordina la reunión. Va saludando a los chicos, a medida que se conectan: los primeros son Facu, Bauti, Sofi, Agus, Benja.

“Estamos todos: solo nos falta gritar un gol. Muy bien los papás acompañando. Porque el club somos nosotros. Lo formamos con la familia”, dice a modo de presentación. El club es el Club Social y Deportivo Villa Real. Luego, Kornoski muestra dos banderines del club. Son los premios del juego de hoy: marcar las diferencias entre fotos que mostrará a lo largo de la reunión. Otras semanas hacen ejercicios físicos y con pelota. O prendas, como hacer jueguitos con una pelota de medias y grabarse.

En cuarentena también se entrena, pero por zoom. Fabián Kornoski es uno de los profes que conduce los entrenamientos de fútbol del Club Social y Deportivo Villa Real.

“La diferencia con los zoom del colegio es que los nuestros son mucho más recreativos”, compara el profesor, que también es docente de cuarto grado. “Los padres no pueden participar en los de la escuela. Y acá el otro día un papá se metió a hacer un ejercicio con su hijo. También charlamos. Un chico apareció con un diente menos y le preguntamos si pasó el ratón Pérez. Hay chicos que nos dicen que extrañan los partidos y otros a sus compañeros. Antes nos veíamos tres veces a la semana. Sintieron el cambio. Pero se adaptan a la situación”.

Los chicos juegan al Baby Fútbol entre los 6 y 13 años. El último año es el más esperado. Nadie se lo quiere perder. En el último partido se hace una especie de despedida: se tiran cohetes, se recibe a los chicos con papelitos y se les regala la camiseta que defendieron a lo largo del año. La categoría 2007 se está perdiendo el último año de Baby. Entonces, ya hay propuestas para que el próximo año haya ocho categorías, en lugar de siete.

Los profes habilitaron el muro virtual de una aplicación para que los chicos suban los videos que los papás graban haciendo los ejercicios. Ahí, cada tanto, alguno dice “extraño hacer goles los sábados”, y comparte un video de un gol en un partido viejo.

Por eso, ahora, que la reunión termina, Fabián propone: “Estoy extrañando gritar los goles del Villa; a la cuenta de tres, nos vamos a despedir gritando fuerte un gol”. Y los chicos gritan. Como si estuvieran en la cancha.

SC

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