La ola de contagios de coronavirus llegó a la Casa de la Moneda: ¿y si hay que parar de imprimir billetes?

En Argentina sólo hay una planta industrial que está en su pico de productividad a pesar de la pandemia y la cuarentena: es la Casa de la Moneda. La fábrica de hacer billetes, que sostiene imprimiendo plata la emisión monetaria que demanda el Gobierno por los programas de mitigación de la crisis y la inflación,…

La ola de contagios de coronavirus llegó a la Casa de la Moneda: ¿y si hay que parar de imprimir billetes?

En Argentina sólo hay una planta industrial que está en su pico de productividad a pesar de la pandemia y la cuarentena: es la Casa de la Moneda. La fábrica de hacer billetes, que sostiene imprimiendo plata la emisión monetaria que demanda el Gobierno por los programas de mitigación de la crisis y la inflación, no puede detenerse, pero se detuvo. Por segunda vez en un mes, tuvieron que suspender la actividad durante tres días y a hasta este viernes llevan detectados 25 casos de Covid-19 en su planta de Don Torcuato mientras esperan resultados de los testeos a sus 140 empleados.

El paciente cero llegó en colectivo. No corrió ningún riesgo, no rompió el protocolo estricto al que todos los operarios están sujetos desde que en mayo, un trabajador del sector Tintas de la planta de Retiro dio positivo y encendió las alertas. Al primer paciente le pasó lo mismo que a muchos: compartió el viaje desde su casa a Don Torcuato con un montón de gente en un espacio cerrado. Y se infectó.

La Casa de la Moneda tiene dos sedes: la histórica en avenida Antártida Argentina y la nueva, donde funcionaba Ciccone Calcográfica, la empresa expropiada después del escándalo de Amado Boudou y The Old Fund.

En este momento, por el ritmo de la emisión monetaria, las dos funcionan durante las 24 horas con tres turnos de ocho horas y sus máquinas imprimen billetes sin detenerse. La demanda es tan exigente que hasta hubo zozobra por el riesgo de quedarse sin papel.

“Vamos a seguir así, imprimiendo hasta que se nos acabe la tinta”, ironizaba el viernes pasado un funcionario que trabaja en el primer piso de la Casa Rosada cuando proyectaba la economía del país en esta etapa más estricta todavía de la cuarentena.

En la planta que fue de Ciccone es donde el coronavirus llegó con más fuerza. Primero fue el empleado que viajó en colectivo, terminó con resultado positivo y produjo un cambio de reglas: ahora a los trabajadores que no tienen auto se les paga un taxi o un remise para llegar. Nadie más puede llegar en transporte público.

De aquel primer infectado rápidamente pasaron a 7. Fue entonces cuando apagaron tres días las máquinas por primera vez. Hubo desinfección, instalación de tubos con rayos ultravioletas y preocupación. Volvieron a trabajar hasta el viernes pasado que la fábrica volvió a pararse: esta vez los casos se multiplicaron, testearon a sus 140 empleados y detectaron 25 positivos hasta ahora, pero faltan resultados. Mientras tanto, la planta retomó la actividad en dosis mínimas.

El 7 de mayo, cuando asumió -en plena cuarentena- como presidente de la Casa de la Moneda, Rodolfo Gabrielli era conciente de que el virus no podía frenar la producción. El primer el contagio lo encontró cuando llevaba diez días en su puesto.

Fue un empleado que vive en la villa 31 y que fue víctima del primer pico de contagios en un barrio vulnerable. Le siguieron dos más. Uno del mismo sector y después un mozo del sector comedor que suele repartir la comida entre los empleados enfundado en su barbijo.

¿Qué pasa cuando se frena la máquina de hacer billetes en un país que no está en condiciones de parar su producción? Se recurre al stock. En el vertiginoso ritmo de impresión de la Casa de la Moneda está contemplado un mes de billetes de reserva, si todo sale bien. Pero la ecuación es riesgosa: la política no termina de autorizar la impresión de billetes con denominaciones mayores a los $1.000. El Gobierno demanda cada vez más plata física para financiar el gasto que se disparó con las medidas de ayuda social y de sostenimiento de los puestos de trabajo en la crisis por la pandemia y la cuarentena. Además, esa necesidad se acrecienta con la inflación.

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Entre las medidas de emergencia por los contagios, la Casa de la Moneda contrató equipos de suplentes para convocarlos en caso de que la baja de empleados por Covid-19 afecte la dotación de personal mínima para poder operar.

Uno de los misterios mejor guardados del Estado es cuántos billetes imprime la Casa de la Moneda. “Es secreto de Estado”, dicen desde adentro. El número es desconocido pero su escala es estimable. Si alguien se asoma a mirar el edificio de la ex Ciccone durante el día o la noche verá luces encendidas. No es para menos, adentro de la fábrica saben que el esfuerzo por multiplicar los billetes hizo subir un 40% su consumo de energía en relación al año pasado.

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