Todos hablan de Cristina: su poder se agiganta a solo 10 días de la asunción de Alberto Fernández

El albertismo puede esperar, cree Alberto Fernández. No es momento de inaugurar esa pelea y está a la vista. Cristina Kirchner parece eclipsar los movimientos de la nueva era. “Es una locomotora insaciable”, decía el viernes un operador todoterreno en una charla que compartía en el paseo de La Recova con una muestra simbólica del…

Todos hablan de Cristina: su poder se agiganta a solo 10 días de la asunción de Alberto Fernández

El albertismo puede esperar, cree Alberto Fernández. No es momento de inaugurar esa pelea y está a la vista. Cristina Kirchner parece eclipsar los movimientos de la nueva era. “Es una locomotora insaciable”, decía el viernes un operador todoterreno en una charla que compartía en el paseo de La Recova con una muestra simbólica del Círculo Rojo: un diputado, un empresario y un gremialista.

No hay sector del establishment en el que no se indague por su voracidad ni dejan de oírse susurros de preocupación por el mapa de nombres y cargos que se va confeccionando en el inminente esquema de poder. Todos hablan de ella. Cristina quedó parada en el centro de la escena pública a solo diez días de la asunción del sucesor de Mauricio Macri. Incrédulos, abstenerse.

Desde que regresó de Cuba, hace menos de dos semanas, la senadora realizó cuatro maniobras simultáneas, rápidas y efectivas. Primero, se ocupó de cerrar filas en el Senado y logró que la santiagueña Claudia Ledesma Abdala, la esposa del gobernador Gerardo Zamora, se quede con la presidencia provisional. Nada que no conozca el matrimonio que maneja esa provincia desde 2005: él ocupó el mismo cargo en los últimos años de Cristina. Abdala era gobernadora. Parece una simetría borgeana. Lo único que cambia es que por primera vez habrá dos mujeres en la línea de sucesión presidencial.

Claro que nada es gratis. El futuro oficialismo se aseguró así que los siete diputados que le responden a la pareja salten al bloque K. Esa fue la segunda jugada de Cristina desde su último arribo. Se trata del armado de un grupo compacto, aún en elaboración, que hoy oscila entre 119 y 124 diputados que responderán a la conducción de Máximo Kirchner -a un paso de los 129 que garantizan el quórum- y que desplazó súbitamente a Juntos por el Cambio de la primera minoría.

En el macrismo aún está por verse si lograrán retener la unidad. Mauricio Macri pidió ahora contener a Emilio Monzó y a su grupo de rebeldes, que hasta se permite elogios para Máximo. Hay quienes empiezan a repensar si es tan buena noticia la jubilación de Elisa Carrió. Mientras se libra esa batalla, el kirchnerismo trabaja para volver a convertir el Congreso en una escribanía.

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El tercer paso de Cristina fue ungir -y sobre todo vetar- algunos apellidos para el Gabinete nacional. El tuit con el que Alberto Fernández negó que Diego Gorgal fuera a ser ministro de Seguridad -que luego borró- resultó elocuente. Gorgal, aliado de Sergio Massa​ desde 2013, era objetado por su socia y resistido por La Cámpora, que lo ve como un cultor de la mano dura. Axel Kicillof, la debilidad de Cristina, tiene otros planes para la Provincia. Gorgal tenía apalabrado hasta a su jefe de prensa para la gestión. Alguien, por lo visto, le había garantizado el puesto. 

En el capítulo de las designaciones nada resulta más vital para la vicepresidenta electa que proponer a Carlos Zannini como Procurador del Tesoro, o sea, como jefe de los abogados del Estado que tiene entre sus potestades la posibilidad de definir la suerte de las querellas que, en representación del Estado, lleva adelante la Oficina Anticorrupción.

Zannini, qué pasó 107 días preso en la causa en la que se investiga el encubrimiento en el atentado de la AMIA, es, tal vez, el dirigente más emblemático del kirchnerismo. Con un pasado no exento de roces con Alberto en tiempos de Néstor Kirchner, es una figura poco conocida pero que divide aguas en los sectores politizados. Suele recibir miradas desconfiadas y hasta algún saludo cariñoso por las mañanas, cuando pasadas las 7 sale a correr solo y con auriculares por los bosques de Palermo.

Déjense de joder con eso”, plantea Alberto Fernández cuando un gobernador amigo o algún intendente le plantea la necesidad de armar su núcleo de dirigente fieles, no cristinistas, que abran la principal línea interna de la agrupación. Tres fuentes muy cercanas a Alberto admiten que el poder está y seguirá repartido. “Ella nos puso acá. Nos dio los votos y la confianza. Es lógico que opine y nos ayude a decidir durante la gestión”, sostiene uno de ellos. Dice que aquellos que imaginaban una conducción férrea o una marginación de Cristina lo hacían por ignorancia o por interés. 

El presidente de la consultora OPSM, Enrique Zuleta Puceiro, considera que Alberto Fernandez puso en marcha “una megafuerza que está pensando el país de un modo parecido al que veía Kirchner en 2007, cuando se vieron venir una hipótesis de viento en contra”. En esa megafuerza entraron y entran “peronistas, radicales, gobernadores, peronistas, La Cámpora, gauchos perseguidos…”

La construcción de la coalición gobernante que está por nacer contiene cargos y, por supuesto, podría apelar a la billetera si hiciera falta. Léase bien: recursos para las administraciones provinciales ─ávidas siempre de obras, financiamiento y pago de sueldos─ más gentiles. Los cargos ya hacen lo suyo. Puede dar fe Agustín Rossi, que fue sometido a una operación de pinzas para dejar la jefatura del bloque en Diputados con la promesa de un ministerio. O Pino Solanas, qué pasó de declararle la guerra al fracking (una de sus películas se llama así) a desentenderse de las metas que Fernández tiene para la política energética y de recursos naturales. Pino será enviado a la UNESCO.

Nadie se resiste a una embajada en París”, ironiza alguien que no se sorprende nunca de nada. Mucho menos se resiste a París, agrega, si se es cineasta. La salida de Solanas vale doble para el kirchnerismo: su lugar será ocupado por Eduardo Valdés.

“Cuando Cristina anunció que delegaba en Alberto su poder electoral en ningún momento determinó que se alejaba. Ellos hicieron un acuerdo y van a compartir la gestión. Lo que pasó en estos días no es contradictorio con el espíritu de la alianza. Esta es una fórmula presidencial con poderes tanto del presidente como de la vicepresidenta”, afirma Federico Aurelio, de la consultora Aresco.

Los hombres más cercanos al presidente electo reniegan de las especulaciones. Más: creen que hay sectores que lo quieren condicionar a que rompa con Cristina más temprano que tarde. “Hay una sensación de que Cristina se queda con todo y no es así”, se atajan. Para este grupo, la legitimidad de Alberto como jefe se empezará a ver con el correr de los meses. Dicen que no tienen apuro. Que para qué ocuparse de eso si hay problemas mucho más amenazantes por delante.

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