Ja Morant, la joven estrella de la NBA que descubrieron por una bolsa de papas fritas

“Fue la mejor bolsa de papas de mi vida”.Era julio de 2016 y James Kane había manejado más de siete horas desde Kentucky hasta el gimnasio de la secundaria Spartanburg, en Carolina del Sur, con la esperanza de encontrar algún joven y prometedor talento en las canchas de básquet para pasarle el informe a su jefe,…

Ja Morant, la joven estrella de la NBA que descubrieron por una bolsa de papas fritas

“Fue la mejor bolsa de papas de mi vida”.

Era julio de 2016 y James Kane había manejado más de siete horas desde Kentucky hasta el gimnasio de la secundaria Spartanburg, en Carolina del Sur, con la esperanza de encontrar algún joven y prometedor talento en las canchas de básquet para pasarle el informe a su jefe, el entrenador de la Universidad de Murray State. En su libreta de apuntes el asistente ya llevaba un nombre a seguir: un tal Tevin Brown.

Mientras esperaba por ver a ese y a los otros muchachitos, le dio un poco de hambre. Pensó, entonces, en matarlo con algún snack. Se compró una bolsa de papas fritas y, en el camino, el sonido del pique de una pelota captó su atención. Relojeó algo de acción en una de las canchitas secundarias y decidió entrar a ver qué había por ahí. No pudo creer lo que vio.

En el 3 contra 3 que se estaba desarrollando en ese parquet que nada tenía que ver con la acción que Kane había ido a buscar (era un día específico en el que los talentos mostrarían sus habilidades), un pibe decididamente la rompía. Tenía manos de seda, tanto para pasarles la pelota a sus compañeros como para finalizar penetraciones sin importar la talla de su marcador. Tenía un juego de pies que desconcertaba. Y una facilidad para volcarla que daba cuenta de sus condiciones atléticas.

Al vuelo. Del mismo modo que tiene mano fina para definir y pasar, Ja Morant puede enterrar la pelota con violencia. Foto: AP

El asistente de Murray St. le preguntó al organizador de la muestra quién era el chico. Resultó llamarse Temetrius Morant, aunque todos lo conocían como Ja. Vivía en Dalzell, una localidad pequeñísima (apenas más de 2.000 habitantes) en la que había nacido también Ray Allen. De hecho, el papá del chico, que esa tarde estaba filmándolo, había llegado a jugar con el máximo anotador de triples en la historia de la NBA.

Una de las imágenes de la temporada en la NBA hubiera sido esta volcada que Morant falló por muy poco: se llevó puesto a un renombrado como Kevin Love y el video igualmente dio la vuelta al mundo. Foto: AP

Al otro día Kane volvió a las instalaciones, con el compromiso de ver al chico jugando 5 vs. 5. Le bastó un rato para llamar al entrenador de la universidad, Matt McMahon, y decirle que los planes debían cambiar. “Tenés que venir a verlo ya”, le insistió. No creía de ninguna manera que no hubiera otros establecimientos interesados en becar a semejante talento.

Alguna vez le había pasado al mismísimo Stephen Curry, que incluso escribió una sentida columna en The Player’s Tribune sobre el sentirse siempre subestimado. Por eso, cuando Morant y su familia vieron el nivel de interés de Murray State, no dudaron en elegir esa universidad. El papá sentía que finalmente daba réditos la exigencia: solía decirle a Ja que estaba “sobrevaluado” para que el chico no se relajara y siguiera esforzándose.

Una vez en Murray State, el base dejó de ser el desconocido que no aparecía en los rankings de las publicaciones que se especializaban en analizar potenciales cracks. Allí rápidamente se hizo un nombre. “Es una mezcla de John Wall con Chris Paul“, lo definió un entrenador rival.

Morant “tirando magia” con la camiseta de Murray State. Foto: Reuters

Pronto se empezó a hablar de él como un potencial top 5 o incluso top 3 en el draft de la NBA y ya no quedaba quién lo ignorara luego de convertirse en el primer jugador en la historia del básquet universitario estadounidense en promediar al menos 20 puntos y 10 asistencias en una temporada. En la ceremonia del año pasado fue elegido por Memphis en el segundo lugar, solo por detrás de la mayor promesa desde LeBron James: Zion Williamson.

Como el número 1 de la elección se lesionó la rodilla y todavía no pudo debutar en la NBA, se desconoce hasta dónde puede desnivelar con su talento. Pero en ese lapso Morant sí mostró lo suyo: casi desde el inicio de su carrera profesional jugó como si fuera un veterano.

Al margen de sus números (18 puntos, casi 7 asistencias y 3,5 rebotes por partido), son su variedad de recursos y su juego vistoso los que lo convierten en un jugador digno de ver: ofrece espectáculo cada noche. Tiene panorama, cambio de ritmo, pase y anotación. Tampoco escatima esfuerzos a la hora de defender. Quizás su única deuda hasta ahora, en una NBA que se rige cada día más por la ley del triple, sea el lanzamiento a distancia. Tira bien (40% de acierto) pero poco (apenas por encima de los dos intentos a distancia por juego).

En uno de sus últimos partidos, contra James Harden, se ofendió cuando el barbudo casi no le ofreció resistencia ante un intento de tres (nobleza obliga: al de Houston casi nunca le interesa defender) y les gritó a los jugadores de los Rockets: “Háblenle de mí a ese hijo de…”.

Así es Morant: no se achica en ningún escenario. Casi con seguridad se llevará el premio al Rookie del Año. Será apenas el comienzo de una carrera llamada al estrellato por mucho tiempo.

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