Alberto Fernández, y la estrategia de la paciencia

“Ganará quien sabe cuándo luchar y cuándo no hacerlo. Ganará quien sepa manejar tanto a fuerzas superiores como inferiores. Ganará quien tenga paciencia para agarrar al enemigo desprevenido” , versa uno de los tantos pasajes de “El Arte de la Guerra”, un tratado militar chino, milenario, escrito por el estratega Sun Tzu. La lucha por el…

Alberto Fernández, y la estrategia de la paciencia

“Ganará quien sabe cuándo luchar y cuándo no hacerlo. Ganará quien sepa manejar tanto a fuerzas superiores como inferiores. Ganará quien tenga paciencia para agarrar al enemigo desprevenido” , versa uno de los tantos pasajes de “El Arte de la Guerra”, un tratado militar chino, milenario, escrito por el estratega Sun Tzu. La lucha por el poder trasciende los tiempos y las latitudes. Aquí, en la Argentina, en todos los Gobiernos hay peleas intestinas por el poder, aunque en el peronismo, esas disputas suelen naturalizarse.

En estos momentos, sin que sus protagonistas lo admitan, existe una puja previsible entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. La ex mandataria detenta un poder real que le fue “conferido” al candidato a presidente para que se convierta en presidente electo.

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El acuerdo existente entre ambos, al momento de establecerse la fórmula para competir en las elecciones fue, según habría comentado el propio Alberto: “Yo no me meto en la confección de las listas y ella no se mete en la conformación del gabinete”. Lo primero se respetó. Lo segundo, no.

“Desde el punto de vista, hasta si querés psicológico, Alberto le tiene demasiado respeto a ella”, razona un dirigente albertista. Sin embargo, cerca del próximo presidente calan un poco mas hondo. “No se trata de respeto sino de paciencia, de tiempo”.

Un ex funcionario del gobierno de Néstor Kirchner traza un interesante paralelo. El santacruceño llegó debilitado a la Presidencia porque Carlos Menem lo vació de poder al bajarse del balotaje. Kirchner no pudo legitimarse y quedó como “el presidente del 23 por ciento”, cifra que había obtenido en votos en la primera vuelta. Debió entonces legitimarse, consolidar su poder a través de la gestión y allí sí, ir por todo, erigiéndose como el Jefe del peronismo.

Alberto Fernández debe legitimarse porque buena parte del poder -el de la grey kirchnerista- lo tiene Cristina. El próximo presidente deberá administrar el Ejecutivo de manera efectiva, para contar con la aceptación de buena parte de la sociedad. Así, consolidarse como gobernate e ir por el liderazgo del espacio. En eso coinciden en su círculo íntimo.

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“En esta etapa, hay mucho de simbólico. El verdadero partido se juega a partir del 10 de diciembre”, sostiene un dirigente peronista.

No es casual que en medio de la puja con Cristina por los lugares en el gabinete, Alberto designe en lugares clave y como asesores con acceso directo a él a algunos de los miembros de su círculo de confianza como Jorge Argüello, Julio Vitobello, Claudio Moroni, Alberto Iribarne, Juan Manuel Olmos, Gabriel Fuks, Guillermo Olivieri y Miguel Pesce.

Vitobello en la Secretaría General de la Presidencia; Moroni a Trabajo; Iribarne y Olmos como los dos jefes de sendos grupos de asesores presidenciales; Pesce al BCRA; Argüello como embajador o bien como asesor presidencial en complemento importante con la Cancillería; Fuks como segunda línea en Seguridad; y Olivieri en Culto. Este último se ocupará de encarrilar la relación del Gobierno con el Vaticano, que fue pésima durante la gestión de Mauricio Macri que culmina.

El principal enojo del Papa Francisco era con Marcos Peña y Durán Barba, a quienes Bergoglio calificaba -dicen- directamente de “operadores” en su contra. En esos términos llegó a decírselo al propio Macri. Desde la Iglesia le enrostran al gobierno saliente, por ejemplo, haber abierto el debate sobre la despenalización de aborto sin avisarles antes, se enteraron por los diarios. Además le atribuyen al macrismo haberle dado mucha ayuda económica a los evangelistas, culto que creció de manera importante.

Está claro que los lugartenientes de Francisco en la Argentina son el arzobispo de La Plata, Víctor “Tucho” Fernández; el titular de la Conferencia Episcopal, Oscar Ojea; y monseñor Jorge Lugones. Ojea es el más político, mientras que Fernández y Lugones son el ala más dura, cuando el Sumo Pontífice quiere salir a fijar alguna posición.

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Como cuando Lugones le dijo a María Eugenia Vidal que hacía falta “sensibilidad social”. Mas cerca en el tiempo, días atrás, “Tucho” Fernández cuestionaría a Alberto por su actitud pro activa sobre la despenalización del aborto.

En el albertismo consideran que el arzobispo de La Plata salió a decir lo que dijo, porque el mandatario electo se excedió sin medir la reacción en la Iglesia. De ambos lados, consideran que la relación es muy buena, en tanto y en cuanto -dicen las fuentes eclesiásticas- haya códigos en el sentido de dejar en claro con una adecuada anticipación, las posiciones por más intransigentes que sean.

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