Los bolivianos en Argentina tienen miedo que la plata que mandan a sus parientes no llegue a destino

Liniers está silencioso. No de luto. Pero “callado”. Un barrio vibrante, el último del oeste porteño, este martes lucía calles tranquilas, de sábado por la mañana. Los ecos de la convulsión en Bolivia llegaban hasta este enclave. Eran recibidos con expectativa y calma. Mientras Bolivia se desangraba tratando de encontrar paz, acá en Liniers los integrantes de la…

Los bolivianos en Argentina tienen miedo que la plata que mandan a sus parientes no llegue a destino

Liniers está silencioso. No de luto. Pero “callado”. Un barrio vibrante, el último del oeste porteño, este martes lucía calles tranquilas, de sábado por la mañana.

Los ecos de la convulsión en Bolivia llegaban hasta este enclave. Eran recibidos con expectativa y calma. Mientras Bolivia se desangraba tratando de encontrar paz, acá en Liniers los integrantes de la colectividad boliviana se esmeraban por sostenerla. Al mismo tiempo, rezaban por la Patria herida. 

Evitar opinar para no pelear“. “Poder enviar plata a la familia“. Esas dos frases eran las más repetidas por los bolivianos que hablaron con Clarín durante una recorrida por la zona. 

La comunidad boliviana es la segunda más grande entre las de inmigrantes  en la Argentina, después de la paraguaya. A pesar de la distancia está claro que el sentimiento de dolor por lo que sucede en su tierra los atraviesa. Por WhatsApp, por Facebook, en las cabinas de locutorios que sobreviven sólo por ellos, sentían hora a hora todo lo que está pasando en su tierra natal. 

Dos extremos en sus testimonios: la angustia por sus familiares allá y una curiosa “dualidad” a la hora de calificar el mandato de Evo Morales.

“Evo fue un buen presidente. Pero hay cosas que hizo mal. Yo no voy a salir acá a decir lo que pienso porque el 90% de los que viven en Liniers dicen que esto fue un Golpe de Estado y ellos también son mis amigos. No quiero que todo explote como pólvora. Por eso no se habla de pol{itica. La realidad es que no se puede permitir el fraude. No importa las buenas intenciones que haya tenido”, dijo a Clarín Mary, que vive en Argentina hace 24 años.

Estaba del otro lado de la ventanilla en una agencia de Western Union sobre la calle José León Suárez al 200, que también funciona como locutorio. Nació en Montero, a 50 kilómetros al norte de Santa Cruz de la Sierra, donde el 30 de octubre se escuchó el primer estallido grave de violencia entre los seguidores de Morales y los que exigían su renuncia y nuevas elecciones.

“Todo arrancó ahí porque te puedo decir que no podías ni ir al hospital a que te atiendan si no eras seguidor de Evo. Mi mamá usa la pollera típica viste? (lo dice para explicar que su madre es una “Chola”) y ni a ella la atendían. Porque no quiere a Evo. No es discriminación, es como una secta. Le llenan mucho la cabeza a los campesinos”, agregó Mary.

Néstor Mandracio. Foto: Fernando de la Orden

A tres locales de distancia, en Latin Express, otra agencia para girar dinero, Néstor Mandracio estaba en el lado opuesto de Mary. Pero también priorizaba no discutir. Como ella, sintió de cerca las consecuencias de la crisis de Bolivia, a pesar de estar en Liniers.

“Hace una semana que estamos en problemas pero hace tres días, después del golpe, cerraron los bancos por el acuartelamiento. Y allá la gente no sabe si van a poder cobrar los giros hoy, mañana o pasado pero cuando abran, cobran. En los días anteriores allá los bancos abrían, la gente podía ir a cobrar y después de repente ibas y estaban cerrado. Incierto el panorama. Por eso los de acá están mandando muchísimo menos plata a su familia. Casi nada”, contó a Clarín.

Cayeron los giros de dinero a Bolivia (Foto: Fernando de la Orden)

La mayoría de los bolivianos que giran dinero a sus familias tienen entre 25 y 30 años. Y son hombres.

Cadenas como Western Union -asociada a RapiPago– tienen convenio con el Banco Unión, que sería como un Banco Nación para los bolivianos. Los que aún siguen enviando dinero desde Liniers saben que tienen que “confiar” en que esa plata llegará a destino.

Así lo dice Steve Jerson Ríos Tuaque. Tiene 29 años y su cara de preocupación no lo frena. Está a cargo de Rico Pollo, sobre la calle Ibarrola al 7 mil. Da vuela el pollo al Broaster (frito, más de la cocina peruana, desde $220 a $800 según las porciones) y sirve a una chola.

Ella, sentada en una de las mesas internas, con su sombrero, pollera amarilla y trenzas negras larguísimas, borra la frontera entre Liniers y Bolivia mientras come un falso conejo (carne, arvejas peladas, ají amarillo, cebolla y ajo molido, $ 320).

“Mi familia es como ella (y la señala). Y están mis hijos. Hace un mes que no les puedo mandar dinero. Unos 100 dólares les mando. Están en Santa Cruz de la Sierra. Estoy muy triste y preocupado por el Golpe de Estado. Espero que se mejore la situación. Ahora se la están arreglando día a día para sobrevivir. Hablo todos los días por WhatsApp. No se mueven de la casa, por miedo a los saqueos. Tienen mucho miedo. Se quedan despiertos haciendo vigilia“, detalla Steven.  

“Evo no fue un mal presidente. Pero los últimos años le ganó la corrupción. En Potosí, de donde soy yo, podés ser profesional sí. Podés recibirte. Pero no vas a conseguir trabajo si no te metés en algo de la política. Hasta te piden carnet del partido en las entrevistas de trabajo. Es una locura”, dice una boliviana que hace 30 años llegó a Liniers y logró comprar el local de venta de especias y frutos secos que está al lado de Pollo Frito. “El 90% de los que están acá están a favor de Evo. Yo no. No lo critico ni lo defiendo. Pero está bien que se vaya. Yo no creo que sea un Golpe. Tendría que haber dejado el poder en elecciones, que venga alguien nuevo, eso que él no permitía”, cierra.

María Vazquez, como Mary y como la señora de Potosí, también dice que “entiende las dos posturas” que se escuchan -muy bajito- en Liniers. Los que hablan de crisis institucional y los que hablan de Golpe. Llegó a este barrio hace 8 años.

Rosemary Moscoso (izquierda) y María Vázquez (derecha). Foto: Fernando de la Orden

“Lamentablemente Bolivia está muy mal. Me duele mas que a nadie porque mi hijo está en el cuartel (el San Matías, donde Cristian Caseres Vazquez , 20, está haciendo el Servicio Militar). Él allá y nosotros acá…ahora que están saliendo más militares a la calle por ahí también llaman a más cuarteleros. Estoy con una pena grande“, dice.

“¿Pero creés que la salida de Evo es un Golpe de Estado?”, le pregunta a Clarín. “No sé. Estoy de los dos lados. Qué presidente no ha robado? Los anteriores presidentes también robaron. Sí, demostraron que Evo ha robado pero también ha hecho cosas buenas”, sostiene. A su lado, Rosemary Moscoso cobra las castañas de cajú que María embolsó para una clienta. “Han hundido al país con esto. Para mí sí fue un Golpe de Estado. Pero jamás voy a pelear con mis compatriotas acá por esto. Estamos en Liniers y queremos lo mejor para los bolivianos”, dice. Y lo dice “bajito”.

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